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Tuesday, June 15, 2010

Ese engendro llamado "Europa"


He estado unos días en Eurodisney, o si lo prefieres, ese cuasi-obligado Xacobeo al que peregrinamos los padres con hijos pequeños, mientras les dura esa linda y emocionante inocencia. El verlos felices e inocentes nos reconforta, y admitámoslo, nos gustaría verlos así siempre, pero afortunadamente para todos, eso no puede ser. Luego crecen, les salen granos, algo más tarde se hacen novio/a, y la inocencia les abandona para no volver. Maldito tiempo que no se detiene...

A decir verdad, el de Mickey es un territorio que conozco muy bien, casi desde el mismo día de su inauguración, al cual acudí con mi empresa de viajes -Golden Tours, siempre Golden, la que tanto me enseñó...- y lo cierto es que casi nada ha cambiado desde entonces. Bueno, eso sí, ahora hay muchos más empleados que hablan español, lo que era algo más difícil de ver hace casi veinte años ya. El parque es una suerte de radiografía familiar del mosaico de la ciudadanía europea. Si bien lo que más abunda es italiano y español, en el emporio Disney de Marne la Valleé se mezclan y se distinguen sin dificultad todas las banderas de la Unión. Y es que, es cierto, en estas casi dos décadas Europa ha progresado en su proyecto de integración una barbaridad. La gente ya se mezcla en cualquier capital europea, la juventud se va reconociendo unida y homogénea en su diversidad, tenemos una misma moneda -una de las divisas más preciadas de la soberanía- y la circulación de personas, bienes y servicios en el territorio europeo, es toda una realidad que ya nadie discute. De hecho, si lo miramos bien, ya a día de hoy, la mayor parte de la legislación que controla y dirige nuestra vida diaria son disposiciones que tienen su origen en la Comisión y el Parlamento europeos.

Pero que nadie se engañe y que no se olvide jamás. Este magno proyecto político, trufado de utopía y buena voluntad, surgió de la necesidad de blindar una paz en el continente que, hasta la fundación de la organización con sede en Bruselas, había costado millones de vidas en multitud de guerras, todas de una crueldad infinita. Los europeos somos así, nos necesitamos y nos unimos, pero a la vez nos maltratamos. Miramos al resto del mundo por encima del hombro, pero somos incapaces de admitir nuestra debilidad y de reconocer el peso de nuestra historia.

En esta crisis sin precedentes, que trae su origen del país de Mickey Mouse -qué poca memoria tenemos-, Europa se lo juega todo. España también, desde luego, pero sobre todo, Europa. Europa y su concepto de destino común compartido. Y lo peor del caso es que no veo que se esté reaccionando adecuada y honestamente. Me ha defraudado profundamente Angela Merkel. Apuntaba maneras de líder continental y está acabando abatida por las pequeñas miserias del que no tiene soluciones para nada. Sigue oliendo a podrido en Bruselas. Todos los países europeos han sido llamados a perfilar reajustes presupuestarios de una dimensión desconocida hasta la fecha, todos muestran un déficit público galopante, pero no todos están dispuestos a reconocer sus pecados y menos a comprometer su estabilidad bajo ningún concepto. Si es necesario machacar al vecino, pues se hace. Así la solución de Inglaterra y Alemania no ha sido otra en los últimos meses que poner en marcha el ventilador de la los rumores maliciosos y las mentiras, a través de sus heraldos privilegiados -escudados en una dudosa interpretación de la libertad de prensa- y de sus agencias de "calificación" -a las que nadie discute nada, y que tanto se equivocaron en el pasado- para desestabilizar las economías del sur de Europa, y tratar de desviar la atención sobre lo delicado de la situación en la casa propia.

Ante los rumores que ayer apuntaban a la quiebra económica de España, que debería ser rescatada por el recién fundado fondo europeo, rumores provinientes de Alemania -y que colocaban la fuente en Bruselas-, Merkel debió cortarlos de raíz y no seguir jugando con las dudas maliciosas que tanto daño pueden hacer a millones de familias a corto plazo. Esa hubiera sido la conducta de un líder europeo solidario y sabedor de nuestro destino compartido. Pero ayer dio la verdadera medida de su liderazgo. Si tuviéramos en España líderes con personalidad, reaccionarían emprendiendo acciones legales contra el rotativo que difundió gratuitamente esos rumores. Si esos rumores verdaderamente salieron de los despachos de Bruselas, se deberían reclamar dimisiones y/o ceses fulminantes. Pero aquí seguimos sin reaccionar ante los ataques de Europa. Y la economía española, que como todas, se basa en la confianza que desprenden sus activos es impunemente agredida casi a diario sin que por nuestra parte salga nadie que dé la cara.

Europa sigue sin entender que debe abandonar sus luchas intestinas para siempre. Que lo que pasa en Ibiza, influye y mucho sobre lo que pasa en Berlín. Que lo que en Londres duele, aquí sangra, y viceversa. Nuestra desunión estratégica favorece los planes planetarios de otros que siguen creciendo y dejando atrás las crisis que orginaron y nos contagiaron. En el tablero del mundo, cada vez más ferozmente competitivo, Europa está perdida si no acaba de entender que debe olvidarse de una vez por todas de luchas miserables y cainitas. Debemos remar todos en la misma dirección, o de lo contrario, Europa pasará a ser territorio de tercer orden en muy pocas décadas.

Yo personalmente ya he perdido la inocencia, ya hace tiempo que dejé de creer en Mickey Mouse.Y tú,¿crees todavía en Mickey Mouse?

Wednesday, November 05, 2008

EL SÍ PUDO, EL SÍ SUPO.






Debo admitir que mi candidata para estas elecciones americanas era Hillary Clinton y no Barack Hussein Obama. Ya lo sabéis de anteriores entregas. Continúo pensando que era una gran candidata tan capaz como su homólogo victorioso, sino más. Y sigo pensando que la última frontera por atravesar en la arena política internacional es que la mujer acceda finalmente al puesto de trabajo más poderoso del mundo. Pero a la vez debo decir que el ganador final a estas elecciones a la Casa Blanca me ha ido convenciendo por su extraordinaria y creciente solidez a medida que se ha ido acercando la fecha de la elección. No tuvo fallos, no mostró fisuras ni siquiera en los peores momentos, cuando se le acusaba de las peores cosas. No se entretuvo en atizar estériles polémicas ajenas a los problemas centrales de la nación ni atacó un supuesto pasado oscuro del candidato opositor. Se concentró en definir las preocupaciones del electorado, perfiló sus necesidades con exactitud y supo insuflarles lo que más necesitaban: la esperanza del cambio. Sus apariciones, sus discursos, sus mensajes, todo fue ejecutado con excepcional profesionalidad en una campaña que quedará para la historia como ejemplar.

Mc Cain no me ha disgustado tampoco, al decir verdad. Ha debido luchar con la insuperable losa de la pésima gestión de la administración Bush en todos los frentes, y de este juicio negro para e
l presidente saliente no lo librará ni la historia, como él espera. Si bien el mandatario tejano ha debido afrontar retos insólitos por su violencia y crudeza, como el colapso de las Torres Gemelas y del Pentágono, su manera de responder no ha estado nunca a la altura de las circunstancias. Sus relaciones con el exterior han resultado muy deficientes y en el terreno patrio no ha sabido destacar en nada. El bueno y moderado de Mc Cain ha sido, pues, enviado a luchar contra las fieras en las peores circunstancias y ha pagado cara su heroicidad y su ingenuidad. Para enfrentarse a los demócratas en esta ocasión, personalmente hubiera preferido que se hubiera presentado un nuevo candidato neocon, uno de los que de forma tan poco útil han asesorado a su Presidente durante estos largos últimos ocho años y que han hecho gala de tan escasa cintura política. Pero no estuvieron, no se supo nada de ellos, no contestaron, no comparecieron. Mc Cain no acertó al presentar sus armas, no acertó al escoger a sus íntimos colaboradores/as, no escogió un buen momento y se apartó de su proverbial moderación entre las filas republicanas. Para su gloria, para la historia quedará su elegante discurso de despedida, reconoció la brillante campaña de su rival y su victoria sin paliativos, se hizo personalmente responsable de la derrota y llamó al país a la unidad detrás del nuevo líder en un momento histórico, según sus propias palabras. Demostró, en la amarga hora de la derrota, que también hubiera sido un buen presidente con un gran sentido de estado y con gran amor a su nación. Eso deberían imitarlo muchos políticos en nuestro país que tanto aseguran amarlo.

En esta tesitura histórica USA ha sabido, a través de esta elección, alejar varios fantasmas de una sola vez y en tan sólo una jornada: ha limpiado la pésima imagen que su sistema electoral ha ofrecido en las dos ultimas ediciones, ha recobrado gran parte del ansiado soft power que le caracterizó durante décadas y la admiración que había perdido ante la comunidad internacional, ha pasado página a un pasado turbio de problemas raciales en una catarsis nacional sin precedentes, y lo más importante, ha iniciado el camino de la recuperación económica a través del paso más necesario: recobrando la esperanza y el optimismo. Felicidades ciudadanos americanos. Un voto de confianza al Presidente.



Thursday, October 09, 2008

¿ FALTAN LÍDERES o... A LO MEJOR SOBRAN ?



En los últimos tiempos proliferan por todas partes foros de análisis político-sociales, encuentros de "sabios", tertulias de cerebros que nutren de prestigio a buena parte de la clase política en la reserva, a magnates desconocidos con deseos de posteridad, a serios académicos de títulos extraños, y a altos ejecutivos de multinacionales en retirada. Lo lamento mucho, pero lo cierto es que poca cosa aportan, ninguno de ellos, a nuestro pensamiento moderno. En efecto, entre café y café, ellos seguirán sin desmayo reflexionando aparte en las alturas y, para colmo de todo asombro, sembrarán de críticas páginas enteras de periódicos, horas de audición en noticiarios de radio y televisión y provocarán a su vez entrevistas y más entrevistas para seguir analizando vete a saber qué, e impartirán cursos y más cursos que sirvan para dar, al fin, con una lógica a tal sinrazón de tanto pensamiento vacuo de contenido útil. En fin.

En realidad, si lo miramos bien, es un poco eso lo que ocurre con esta aguda crisis que nos atraviesa, que nuestro sistema socio-político y nuestro entramado económico-financiero, en consonancia con los tiempos, se han nutrido de abierta falsedad, de puro marketing absolutamente alejado de toda realidad, de una ansiedad extrema de incrementar exponencialmente, de un año a otro, de un mes al siguiente, una cuenta de beneficios que la mayoría de las veces iban maquillados con activos falsos, a fin y efecto de colmar los bolsillos de consejeros delegados, con contratos billonarios y bunkerizados. Un calco de lo que ocurre en la arena política, en la que cualquier cifra, también maquillada ya sin disimulo, servía para seguir aguantando con hilos una falsa política que jamás mira de facilitar las cosas a los ciudadanos de a pie, a los consumidores, a los pequeños empresarios, a todos los que con sus pequeños pasos y grandes esfuerzos hacen que nuestra economía productiva se mueva de veras a pesar de la burocracia administrativa e improductiva que va en aumento, a pesar de la especulación , una política asustada que sólo busca ponérselo fácil a las grandes compañías, a los grandes empresarios, nuevos ricos o no, para que sigan invirtiendo a cargo de presupuestos públicos , a base de pelotazos inmisericordes y con un nivel de riesgo cero.

La penúltima bobada que voy escuchando por esos glamurosos mentideros de sabios, incluso por algunas tertulias de especialistas en todo (que valentía o que desahogo, según se mire, ser capaz de saber de todo) es que en uno de los pilares de esta crisis, nuestra política actual, "faltan líderes". Claro, dicho comentario proviene muchas veces de sabios retirados cuyo mensaje subrepticio viene a ser "yo lo hacía mejor"; otras veces vienen de analistas poco afortunados que miran atrás con nostalgia, incluso dando ciertos nombres y apellidos como González, Pujol, Kohl, Miterrand,..., como si aquellos en su día no les hubieran dado suficiente cera por liderar "proyectos agotados", "por presidir con falta de ideas", etc, etc.

No amigos, no nos dejemos engañar, aquí no faltan líderes sino que sobran . Sobran a todos los niveles y en todos los sectores de la actividad económica y social, al más alto nivel que se os ocurra, porque en ese nivel más alto es donde dormitan amenazantes los peores, los que en su vida conocerán el rigor extremo y el dolor agudo de descolgar el teléfono una mañana con la voz de tu banco al otro lado del hilo que te llama para decirte que te retrasar dos mensualidades de la hipoteca y que a la tercera te vas a la calle, tengas hijos o no, da igual, o que te cierran el crédito y bajas la persiana, Sobran líderes, líderes y presidentes elíseos, de los que buscan un titular cada cuarto de hora, incluso cuando van a hacer algo tan fútil y matutino como irse a correr, con gorilas y fotógrafos detrás, como si ellos hubieran inventado las zapatillas, líderes y presidentes de los que organizan grandes encuentros de amigos presidentes que no deciden nada, asustan al personal con su indecisión pero que, eso sí, cenan hasta aburrirse de comer; sobran presidentes que cada mes nos incordian con su arrugada arrogancia para decirnos: no, lo siento, este mes tampoco bajo el interés, hasta que un día como hoy se le ocurre bajarlo, cuando ya es demasiado tarde y nada aliviará el número fatídico de muchos dolores de cabeza; sobran presidentes, o pequeños presidentes que se suben a una tribuna para hablarnos tan tranquilos de "valores" o de que "hay que producir más" para acabar con la crisis, ¡que trabajemos más, que tengamos más valores!, qué fácil es pensar con un sueldazo a cargo del erario público, se habrán roto la crisma dando soluciones...; y, en fin, sobran también mucho ex-presidente, de los nostálgicos de los despachos oficiales, de las banderas y de las ruedas de prensa, de los que hablan y dicen tonterías hasta en inglés, pero qué arrogantes y justos,...

No faltan, no, lo que sobran son muchos líderes. Lo que sí hace alta es gente corriente, gente honrada y valiente que se atreva a decir no a una gran compañía, a un gran banco, a una gran distribuidora de alimentación, a un secretario de estado, que se enfrente a compañeros suyos, presidentes o no, vice-presidentes o no, de los que sólo piden más sueldo y otro coche oficial. Ahora no se me ocurre, pero creo que deberíamos encontrar un sistema realmente eficaz para jubilar a tanto listo, a tanto "líder", a tanto presidente y vicepresidente, a tanto analista y a tanto especulador-ejecutivillo-aprovechado. Basta de falsedades, por favor, basta de trucos, de comisiones, de pelotazos, de burbujas, de nuevos ricos, líbrenos Dios de más nuevos ricos, de encuentros de sabios y expertos, y busquemos de una vez gente honesta y valerosa, no hace falta que sean líderes.

¿Difícil? Sí, eso me temo. Pero debemos buscarlos/as.




Tuesday, August 12, 2008

PUTIN: SE VEÍA VENIR.

Hace casi veinte años tuve la oportunidad de visitar Moscú, adonde me escapé desde una estancia en Sofia. Las compañías aéreas de la antigua Europa comunista son las verdaderas precursoras de las actuales líneas de bajo coste, por cuatro duros de la época podías recorrer todo lo largo y ancho del telón de acero, y yo, a poco que tuviera días libres trabajando por la región, me escapaba raudo a descubrir rincones poco conocidos -para mí desconocidos- entonces. Eso sí, debías justificar muy bien, al llegar a cualquier frontera, toda visita, el motivo, tus destinos, tus datos, tu alojamiento, a quién y por qué ibas a ver, etcétera. Lo primero que pude comprobar en aquellos viajes por la Europa socialista es que, aparte de la belleza e inmensidad de aquellos territorios, todos los tópicos que circulaban entonces sobre el hermetismo y la falta de libertades del sistema, eran completamente ciertos y en algunos casos ciertamente generosos. Y más lo eran de modo especial para un joven veinteañero que llegaba de un país donde la democracia, particularmente joven, se hallaba expandiéndose a pleno pulmón. La depresión económica -lo iré narrando de vez en cuando, país por país- era aplastante, el colapso de los sistemas políticos y económicos era ya un hecho cierto, faltando sólo que la chispa incendiaria, la perestroika, llegara de un momento a otro esparciendo sus llamas por toda la región. Las consecuencias del colapso del fallido sistema comunista las vivimos todavía hoy, y de hecho creo personalmente que pasarán al menos dos generaciones para que dichas consecuencias desparezcan casi totalmente.

Cuando Vladimir Putin llegó a la cúspide del poder y supe que había sido miembro destacado del KGB en aquella época de declive soviético, no me cupo ninguna duda jamás de cómo se las gastaría el tipo a poco que se aposentara en el Kremlin. No es que yo sea un acérrimo lector de novelas de espías -un género que no desdeño-, o que tenga una bola de cristal, sino porque en su época fui testigo directo de cómo la gente en Europa del Este temía a sus servicios secretos, una red de espionaje inmensa y eficaz cuya influencia directa y terror alcanzaba los confines del imperio soviético y sus países satélites. Bien es sabido que una brizna de hoja no se movía, no había pequeño e insignificante negocio que se moviese en todo aquel inmenso territorio sin que los servicios secretos conocieran hasta el último detalle. El arriesgarse a contravenir los criterios políticos del sistema era una una grave temeridad, pero si además el servicio secreto catalogaba a alguien como una amenaza a tener en cuenta, las consecuencias eran letales, con absoluta seguridad.

Putin, que comenzó a brillar en esa época y en esa escuela, no deja de ser un nostálgico de aquella ola de temor y represión, de aquellos métodos oscuros de hacer algo muy diferente a lo que nosotros entendemos por verdadera política, que no es otra cosa en realidad que la gestión tranquila de lo que es la res pública. Yo diría que, intereses estratégicos aparte, se ha colocado al mando de Rusia al líder con el perfil político menos indicado para ello. Él no piensa en la política como una forma más o menos dialogada de alcanzar acuerdos en un contexto de intereses contrapuestos, en un juego de mayorías que se entienden y respetan a las minorías, no entiende de convivencia pacífica de formas de pensar diversas, no tiene ni idea, porque no lo ha vivido nunca, de lo que realmente significa democracia, participación ciudadana, estado de derecho o legalidad internacional. Es más, a pesar de sus intentos de disfrazar la realidad con instituciones pseudo-democráticas, que no resultan más que formas poco disimuladas de permanecer en el poder a costa de los que sea, estoy convencido de que son conceptos que desprecia profundamente. Y es que no se puede pedir a un lobo hambriento que se ponga a cuidar ovejas. No se puede pedir a un destacado miembro de un órgano de espionaje y represión, con la leyenda que atesora el KGB nada menos, que impulse y lidere, de un martes a un jueves, un país democrático y moderno. Los actuales mandatarios de Moscú, en realidad, son un serio problema para el avance verdadero de Rusia, a la que no pueden ver progresar si no es en términos imperialistas como los que conducían a la extinta Unión Soviética.

Como consecuencia de esa manera de relacionarse en el plano político de su líder, así se comporta Rusia en el plano internacional. El Kremlin no mira a sus vecinos como países amigos, de historia común en la mayoría de las ocasiones, pequeños países con los que relacionarse de forma bilateral, de igual a igual, colaborando de forma armónica en los terrenos que sean menester, ganándose su estima a través de la relación tranquila y sincera. El Kremlin mira y ha mirado, ahora y siempre, a las ex- repúblicas soviéticas, que son naciones soberanas, como territorios de su absoluta propiedad, y no asume ni asumirá, mientras siga en el poder la generación que ahora manda en Moscú, que ninguno de esos países se mueva en el plano internacional según sus propios criterios. Y tampoco consentirá jamás, por mucho que tengan el derecho internacional a su lado, que ninguna de esas naciones estreche lazos con países occidentales sin su expreso consentimiento. Es una forma patrimonial, imperialista y agresiva de relacionarse con sus vecinos y una forma pacata y estrecha de moverse estratégicamente en el orden internacional. Las razones de la fuerza no son verdaderas razones, no son convincentes y raramente son duraderas. Rusia perdió a sus repúblicas separadas, entre otras causas, porque su relación con ellas estaba basada casi únicamente en la fuerza. Pero siguen sin aprender la lección.

En este último episodio de violencia desatada, el pecado de Georgia ha sido picar ingenuamente en la trampa y en la provocación que le viene urdiendo Moscú, justo desde el mismo día que su presidente anunció que quería estrechar lazos políticos -y militares- con los países occidentales, algo a lo que tiene el todo el derecho del mundo como nación soberana que es. El pecado de su presidente, Saakashvilli, ha sido olvidar y subestimar el cerebro agresivo y represor del Kremlin, al que creían dormido, pero que en realidad está dispuesto a todo, caiga quien caiga, por mantener su influencia en los que considera sus territorios, que desde luego no lo son, y que luchará y eliminará lo que crea preciso por ver aquella zona libre de contaminación política occidental. Aparte de la desproporcionada matanza generada por la voracidad geopolítica rusa, que no ha mirado mucho si había civiles o no en los territorios que bombardeaba, la guerra abierta no deja de ser un muy serio aviso para el resto de países de la zona: si no hacéis lo que Moscú dice, os mandaremos los aviones y los tanques a trabajar a destajo. No es que sea cuestión de inteligencia sobrenatural; viendo la hoja de servicios de quien manda en el Kremlin, todo esto se veía venir..., y veremos hasta dónde va.

Wednesday, April 09, 2008

FREE TIBET

Todavía conservo en mis oídos el grito desgarrado de una joven tibetana, hace pocas semanas, que luchaba por no ser aplastada en una valla de contención que la Policía de Nueva York había colocado frente a la sede de Naciones Unidas. El dispositivo de seguridad implementado era de cierta ostentación, teniendo en cuenta el poco más de dos centenares de manifestantes que se agolpaban desesperados, en un acto de protesta en el que se acusaba a China de haber perpetrado en Lhasa una brutal represión, unos pocos días antes, con víctimas mortales. Guardias a caballo vigilaban que nadie rebasara la valla. En ese momento los miraba, confieso, con cierta compasión. Era una mañana fría y los gritos de FREE TIBET se ahogaban entre el ulular del viento que rugía desde el East River. Horas más tarde, convencido de que la manifestación se apagaría ante la indiferencia de los turistas, que apenas sí les rendían cuentas, los volví a ver gritar entre la muchedumbre de la Quinta avenida. Los gritos seguían pasando desapercibidos en una ciudad monumental donde ya nada sorprende lo suficiente. No dejaba de tener la escena cierto aire romántico, una pequeña cofradía de rebeldes que protestaban al coloso chino, impertérrito a veinte mil kilómetros de donde se hallaban. No puedo evitar sentir toda mi solidaridad por aquellos desesperados manifestantes, que en varios casos mostraban fotos de familiares entre las víctimas de la represión del gobierno chino.

Semanas después vuelvo a contemplar cómo ondea la bandera tibetana al paso accidentado de la antorcha olímpica allí por donde prende. Según los corresponsales, China está preocupada por la irritación y la ofensa que los atropellos constantes a la antorcha olímpica pueda causar entre sus ciudadanos. Me parece llamativo; qué curiosa es la especie humana, ¿no os parece?. No hace tanto tiempo que estábamos preocupados por la pobreza que invadía el antiguo Imperio del Medio, y cómo afectaría a la estabilidad del gobierno comunista que se abría a un incipiente proceso de reformas económicas, y ya estamos hablando de una sociedad en la que los acomodados se multiplican y hasta se ofenden porque les soplan, pobres, su llama olímpica. Fuera ironías, me parece de una ceguera atroz, por parte del gobierno comunista, utilizar la violencia para reprimir las protestas tibetanas. Acaso sea pedirles demasiado a una gerontocracia que se resiste a abandonar el valor del autoritarismo como modo de dominar pueblos y territorios. Pero si es que hasta el viejo Mao, hace cincuenta años, se avino a entrar en negociaciones con el Dalai Lama para abrir el sendero de la autonomía a una tierra que debería tener las más altas cuotas de soberanía, tal y como le corresponde al Tíbet por su historia y tradición, una historia tristemente truncada con la invasión de los comunistas. Pues señores de Beijing, lamento mucho que su llama se apague, qué triste, de veras; pero más triste es que se pisoteen los derechos humanos en una tierra donde quieren ustedes que gobierne el "fair play". Sencillamente, ustedes no se merecen alojar la llama olímpica.

Friday, February 15, 2008

PIZZA CONECTION

Siempre me ha unido a Italia un gran sentimiento de cercanía, no en vano tuve la oportunidad de trabajar allí, yendo y viniendo, como guía turístico, durante un par de años a finales de los ochenta. Más tarde volví en varias ocasiones, de manera más espaciada, todo el tiempo el cual me brindó la ocasión de conocer muy de cerca la idiosincrasia de un país bello y complejo como pocos .

Recuerdo especialmente como si fuera ayer una de las muchas conversaciones tranquilas que mantuve con Lela paseando por los jardines de Tivoli, bello enclave en los alrededores de Roma. Lela era todavía una veterana guía local de Roma, que entregaba poco a poco su vara de mando como la mejor que era a mi querida Lori, su hija, también una gran diva en la materia. Los mundiales de fútbol de Italia habían ya pasado hacía un par de años, y los estadios, flamantes, estaban todos acabados, pero el mayor montante de inversión, que se había destinado a renovar infraestructuras como autovías, puentes o viales urbanos se había "perdido" por el camino y la mayoría de las obras en ese capítulo quedarían sin finalizar en la mayoría de las ciudades, aún muchos meses después de acabar el campeonato.

Lela me relataba esa circunstancia con profunda desazón, recordando a la vez la brillante ceremonia de inauguración de las olimpiadas del 92, en Barcelona. España había logrado ofrecer una imagen de renovada modernidad y había entrado por la puerta grande y con antelación sobrada al siglo XXI. La comparación era inevitable para ella. Primero me dijo sinceramente que le emocionó ver como España había logrado impactar al mundo con una ceremonia tan original y espectacular. Y volviendo la mirada hacia Italia, me decía que incluso había llegado a llorar por su país, una nación a la que amaba profundamente pero a la que cada vez veía más sumida en un esclerótico estado de declive para el que no veía salida en un futuro cercano.

Qué razón tenía. Tres o cuatro meses antes, el mismo mayo del 92, yo andaba trabajando por París, y mientras ojeaba desde mi periódico en la Place du Tetre los ecos de la brillante victoria blaugrana en Wembley, en las paginas anteriores se analizaba profusamente la noticia de la semana: el asesinato en Palermo, el 23 de mayo, del Juez Giovanni Falcone. El insigne jurista ya había avisado de cómo las gastaban sus enemigos: "sólo se paga una deuda con la mafia con la vida, y yo la pagaré;... pero alguien tiene que hacer mi trabajo", dijo semanas antes de morir. El 25 de mayo su funeral en la catedral de Palermo reunió a miles de personas que reconocían en Falcone a uno de los últimos héroes de Italia.

La nación transalpina se ha debatido siempre entre dedicar sus esfuerzos a la necesidad de progreso y la mejora de la competitividad o declarar una guerra abierta a sus captores, confrontación de la que nadie sabe cómo acabaría con certeza. Y de esa la indecisión precisamente surge el caos que impide gobernar el país con cierta calma desde antiguo. Prodi parecía que podría controlar, con su vitola de gestor de rigor europeo, una legislatura tranquila en Roma. Pero en el Tíber las aguas nunca bajaron calmas. Prueba de ello es el lamentable espectáculo que tuvo lugar en la votación en el Senado sobre la continuidad del proyecto Prodi, entre insultos graves y escenas tragicómicas, a finales de este mismo enero. Retuerce la conciencia italiana comprobar hasta cómo servicios públicos tan estratégicos como la recogida y tratamiento de residuos urbanos, como en Nápoles, siguen secuestrados por la mafia local. Y choca y entristece contemplar, entretanto, como un ocioso ministro de agricultura del mismo gobierno Prodi monta un follón continental para solicitar que todo lo que se desee llamar "pizza" en Europa respete el rigor de los ingredientes de la receta original. Sí, seguramente ese era el problema culmen de mi querida Italia, señor ministro, seguramente que lo era. Ciao bambini.


Friday, January 18, 2008

AFRICA llora..., una vez más.

Para quienes nos inquieta todo eso de las relaciones internacionales es sólo cuestión de tiempo no pararse de vez en cuando a pergeñar un pequeño análisis sobre la situación de África, y no hacerlo de paso en un tono de profundo lamento. Es sin duda uno de los mayores fracasos de nuestra civilización, que llegada a altas cotas de desarrollo en todos los continentes ya, mira desolada como, todas las recetas posibles para que la cuna del ser humano salga adelante de una vez por todas, se estrellan irremediablemente en una maraña de desastres que malogran cualquier mínimo avance.

Pero como viene siendo norma en mí, no voy a rehuir el debate sobre ciertas dudas poco convenientes que bien podrían afear este modesto análisis. Porque si bien es cierto, como bien me decía un buen amigo no hace mucho, que Europa no es del todo inocente al abandonar un continente en la desesperación tras más de un siglo de colonialismo implacable y voraz, no es menos cierto que en muchos casos van ya más de un par de generaciones desde que una gran parte de aquellos países accedieron a la independencia y, por tanto, no puede decirse que no hayan sido dueños de su destino desde entonces. De hecho, es ya un dato de sobras conocido que el PIB del continente en su conjunto es ahora inferior al de hace 40 años, cuando la mayoría de sus países habían recién salido del yugo colonial. Acaso el ejemplo más lacerante sea el de Nigeria, que disponiendo de un mar de petróleo en su subsuelo y bajo sus aguas continentales, sigue deprimiéndose en mitad de la pobreza extrema, habida cuenta que sus beneficios no llegan jamás a la población. Es, claro que sí, la corrupción. África es presa en su mayor parte de élites borrachas de dinero y poder y que no dudan en extender la corrupción y la violencia con tal de perpetuarse en la cúspide de su hegemonía. Kenya es sólo el último y más doloroso ejemplo de todo ello.

Europa, ante todo esto se debate entre dos posturas, y confieso que, de las dos, no sé cuál es peor: la de Durao Barroso, que en la última cumbre de jefes de gobierno Europa-África manifestó tan tranquilo que si debieran vetar jefes de estado o de gobierno por sus carencias en términos de respeto a los derechos humanos, acabarían por no reunirse con nadie, o la de Gordon Brown, que declinó su invitación a asistir a la cumbre ante la presencia de Robert Mugabe, Presidente de Zimbawe, pero que sin embargo semanas antes recibe emocionado en Londres, con toda la pompa imaginable, al Rey Saudí, en cuyo país el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales atraviesa una difícil situación, sobre todo si hablamos del estado por el que atraviesan colectivos más concretos como mujeres, gays, etc.

Supongo que tampoco es que haya mucho margen de maniobra. Está claro que nadie más y mejor que ella misma puede ayudar a salir a África de su histórico desastre. La experiencia nos dicta cuán contraproducente puede resultar instaurar la democracia en un territorio sin contar con la anuencia manifiesta de sus gentes. El apoyo europeo no deberá cesar, pero tan importante como el soporte económico será el sustento, si me permiten, "anímico", tratando de fomentar los valores de la democracia entre sus gentes y haciéndoles saber que sólo ellos podrán sacar a su territorio del dominio de la inquina.

Friday, June 15, 2007

FAREWELL Mr. BLAIR.

Pido disculpas por mi obligada ausencia de este foro íntimo y para mí de costumbre tan aleccionador. Ya se sabe que son los verdaderos amores y las auténticas pasiones los que siempre nos resultan más esquivos. Seguramente sea esa la razón por la cual solemos perseguirlos con tanto ahínco.

En este mes largo han sucedido muchas cosas en el inflamable coso de la comunidad internacional. Sarkozy se ha erigido como el gran abanderado de la renovación política y social francesa, y como el nuevo impulsor de la Europa constitucional. A mi pesar, Segolene Royal no ha acabado de despuntar como la gran esperanza femenina que parecía representar. Por su parte, Chirac nos ha abandonado dejando una estela de duda y cansancio sobre su gestión, un mandato que no ha sido capaz de instaurar unas reformas que su país necesitaba como el agua de mayo. Quizá su oposición firme a la guerra de Irak haya sido el logro que mayor gloria le haya concedido, en un mandato plagado de incertidumbres y altibajos. La suya, no obstante, no ha sido más que la última baja de una generación de políticos cuya gestión se ha visto marcada, para bien o para mal, por el fastasma de la guerra de Irak.

El primero de ellos en abandonar la escena política, afortunadamente, fue Aznar, quien preveía despedidas y homenajes por doquier en loor de multitudes, pero que a la postre se han convertido en sórdidas intervenciones en foros lejanos, que destilan rencor, insensibilidad e incompetencia por los cuatros costados. Lejos de reconocer errores -que tantas vidas han costado- sigue haciendo gala de una malsana arrogancia que no ayuda en nada a dejar una buena imagen, ni de su país ni de su partido. Más tarde fue Schroeder, que éste sí, en un gesto de verdadero estadista supo dejar la presidencia de la República Federal Alemana sin estridencias facilitando un cambio en la cúspide que ha relanzado a su país a liderar de nuevo el progreso europeo. Además, su oposición enérgica a la invasión iraquí colaboró a salvaguardar la imagen europea frente al resto de la sociedad internacional. Koffi Annan, ex-secretario general de Naciones Unidas, también supo dejar su responsbilidad con buen estilo, con un discurso de despedida en el Museo y Biblioteca Presidencial Harry S. Truman, en Independence (Missouri), el pasado 11 de diciembre, lleno de rigor y clarividencia sobre lo que debía ser la política y el orden internacional de las próximas décadas, que debieran verse basados en la responsabilidad colectiva, la solidaridad mundial, el estado de derecho, la rendición mutua de cuentas y el multilateralismo. A diferencia del primero de esta lista -no en méritos-, el ex-secretario general supo reflexionar sobre lo no logrado en su gestión, y exhortó, con la valentía y el rigor del que siempre hizo gala, a que los US liderasen ese nuevo orden, pero sobre la estricta y generosa observancia de aquellos principios. El premier japonés Koizumi también supo marcharse de su despacho oficial subido a la cresta de la ola, dejando unos números en la balanza comercial de Japón muy recuperados, pero también con la escena exterior -sobre todo con lo que respecta a la vecina China- un tanto demasiado revuelta. Le sobró también mucha arrogancia nacionalista y le faltó diálogo.

Ahora le ha tocado el turno de marcharse a Blair. Se lo han tenido casi que implorar. Su partido está notando excesivamente el desgaste de lo que ha resultado ser una política exterior demasiado seguidista de los errores americanos. Quien otrora deslumbrara por la transparencia, eficacia, sagacidad y preclaro discernimiento de su mensaje político ahora angustia por su increíble apego al cargo, por su necesidad de justificarse en lo injustificable, y sobre todo, por su descomunal despiste al creerse imprescindible. Y evidentemente no lo es, por mucha capacidad, eso sí, que haya demostrado en el pasado en clave de política interna. Me he tomado la molestia de leerme con atención su mensaje de despedida publicado en The Economist. Como siempre, su verbo vuelve a ser irreprochable, la presentación y la concatenación de sus argumentos siguen siendo brillantes. Pero en lo que el fondo de la cuestión se refiere, sigue sin poder justificar sus errores fatales. Y es que por mucho que se esfuerce en convencernos sobre la necesidad del compromiso y la responsabilidad internacional de toda nación en la actualidad, nada puede eclipsar el hecho de que han sido aniquiladas decenas de miles de víctimas civiles -algunas estimaciones menos conservadoras hablan de centenares de miles- en este absurdo conflicto, que nació de una descomunal y vergonzosa mentira.

En esta generación de líderes internacionales caracterizados en su mayoría por la falta de diálogo y análisis, aún quedan por retirarse próximamente los más significados por esa rampante carencia de amplitud de miras, por lo menos en lo que a relaciones internacionales respecta. Hablamos, claro que sí, de Putin y Bush. El detrimento progresivo y exponencial de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la Rusia de Putin, sumado a su querencia por la amenaza y los métodos expeditivos como forma habitual de hacer política, en el interior y en el exterior, están haciendo de su gestión un mandato casi irrespirable. Bush está a punto de retirarse con la dudosa vitola, según ya aseguran en su propio país, de resultar ser uno de los peores presidentes que han pasado por la Casa Blanca. Tengamos confianza, sin embargo, en que seguro vendrán tiempos mejores en los que una nueva generación de líderes mayormente preparados se dé realmente cuenta de que la forma más práctica y eficaz de hacer política en la arena internacional -y en la nacional- es la que se basa en el diálogo, la cooperación y el multilateralismo. No es tan difícil, de veras.