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Tuesday, July 14, 2009

GONE TOO SOON


En cierta ocasión presencié un juicio de los duros. La misma juez parecía abrumada por la envergadura del asunto. Al acusado le pedían setenta años de cárcel, nada menos, por haber presuntamente abusado sexualmente de cinco menores. El día de la vista, el abogado interrogó con paciencia a cada una de las víctimas, ya mayores de edad (cosas de la justicia) con un resultado sorprendente: uno tras otro, todos negaron, tras una una presión mínima en el interrogatorio, los abusos perpetrados. Reconocieron ante el juez que la denuncia respondía a que, siendo menores, se vieron presionados por terceras personas a intentar sobornar al acusado por un poco de dinero. Si estos pequeñajos fueron capaces de tamaña tropelía por unos cuantos billetes, de qué no serán capaces otros teniendo a tiro toda una fortuna.

Michael J. nunca fue partidario de enfrentarse directa y personalmente a las acusaciones, infundios, calumnias y a toda la clase de mentiras y leyendas que durante décadas vertieron sobre su figura. Apenas una escueta nota de prensa, unas pocas palabras en su web sin mucha trascendencia fue todo su bagaje defensivo ante un arsenal de basura sin fin. Nunca ofreció personalmente carnaza porque nunca se movió a gusto ante los micrófonos de periodistas, y para cuando reunió las fuerzas suficientes para colocarse ante una cámara en primer plano para hablar sobre sí mismo en una entrevista, el alud de porquería que sobre él vertieron durante años hacía que cualquier cosa que M.J. contara sobre sí mismo, por nimia que fuese, se pusiera en tela de juicio. La transformación de su imagen tampoco le ayudó. Le tenía completa y profunda aversión a mostrarse tal y como era fuera del escenario. Porque era en escena, sobre la zona de baile, donde se expresaba como nadie, donde sacaba la furia de un tigre, la delicadeza de un poeta, el gusto al riesgo de un acróbata; sí, allí precisamente, en el mismo sitio donde muchos otros lo han intentado pero donde nadie era capaz de seducir y maravillar como sólo él era capaz. Ese fue su error, creer que expresar sobre la escena un amor sin límites al ser humano (Heal the world, Man in the mirror, Black or white, Gone too soon...) era suficiente como para que le creyeran de verdad. El estaba convencido de que cantando y componiendo enviaba claros sus mensajes y que de veras llegaban, pero no era así. Allí arriba, sobre la escena, donde él quería que le escucharan, todos contemplaban su genio abrumador e incontestable, pero en realidad el brillo del genio no dejaba ver el mensaje.

Ni siquiera de cuerpo presente ha tenido el descanso de cualquiera, los más ruines correveidiles y juntaletras británicos corrieron raudos a seguir vertiendo suciedad sobre su cadáver: que si estaba calvo, que si se hallaba inútil y deteriorado... Los forenses han negado las nuevas patrañas y el vídeo de sus últimos ensayos deja claro que Michael seguía en una forma envidiable, depresión aparte... Eso sí, los desmentidos no han evitado que los tabloides ganaran lo suyo a costa de su muerte. Lo que a mí me extraña ciertamente es que Jacko aguantara tanto en esa eterna persecución sobre su persona, yo no creo que la mayoría de nosotros resistiera tanto asedio. Me vais a perdonar que sea tan partidista, pero yo prefiero quedarme con la impresión de la gente que lo conoció de veras, de los íntimos que lo trataron: Quincy Jones, Rod Temperton, Stevie Wonder, Liz Taylor, Babyface, Brooke Shields, su familia, sus hijos, sus músicos y su cuerpo de baile. Todos, sin excepción, le adoraban.

Compré mi primer disco de Michael J. en Dublín, hacia el año 77 o 78. Bueno sí, vale, en realidad era un cassette. Estaba de viaje de estudios. Se trataba de una recopilación de éxitos que Michael había cantado en solitario siendo un niño y luego un adolescente (Rocky Robin, She is out of my life, Ain't no sunshine, One day in your life,...). Creo que nunca más compré otro disco con mayor convicción y con la sensación íntima de llevarme una pequeña joya personal e intransferible. Ya entonces pasmaba el genio de su voz y su tremenda soltura en todas las facetas de la interpretación. Aquel mismo año me grabó mi primo Alberto el Off the World en otra cinta, y a mi mente la pasé tal cual la escuché por vez primera sin dejarme ni un solo acorde. Me pareció enseguida el disco perfecto, insuperable: bailable, con ritmo, elegante, con un sonido inigualable, con unos músicos geniales y unos arreglos excelentes. Hasta que llegó Thriller, y arrasó con todo (ya lo profetizaron años antes, Video killed the radio star...). Casi nada se pudo resistir a tener cerca las melodías del mejor álbum de la historia, no había programa musical, en radio o televisión, que se atreviera a emitir un programa sin acudir a un tema o a un video del rey del pop. El vídeo lo vi por primera vez en una discoteca que ya no existe, el HJ, en Montcada i Reixac (Bcn), y aunque ya en la distancia se mira con otros ojos, yo también fui víctima de aquel gran despliegue de medios que hizo del video musical una nueva categoría de arte más que un recurso promocional.

A finales de abril de este año paseaba con Mari Carmen por Piccadilly Circus, en Londres. En la misma plaza se halla una tienda de recuerdos y objetos turísticos, a cual más estridente. Un cartel a grandes letras sobre la puerta de entrada anunciaba la venta de entradas a los conciertos de Michael por 150 libras esterlinas en los que iban a ser sus últimos conciertos de por vida(debían comenzar precisamente ayer). Realmente tuve que hacer un esfuerzo por contenerme y no adquirir dos entradas para poder revivir aquella noche del 9 de agosto de 1988, en el Camp Nou de Barcelona. Obnubilado por el espectáculo, todavía recuerdo su salida a escena como si fuera ayer; pantalones negros ajustados, mocasines con calcetines blancos, cazadora blanca repleta de remaches, coleta al viento..., comienza el estruendo de la batería, Michael parece estremecerse y suena "I wanna be startin' something"...

Te fuiste muy pronto, Michael. Gone too soon.


Tuesday, May 19, 2009

GOLDEN TOURS, S.A.. "Ces't Formidable!"



Creo recordar que todavía no había cumplido veinte años. Llevaba una mala racha encadenando notas mediocres en la facultad, y lo peor es que en ese momento la cosa no tenía visos de cambiar a corto plazo. Admito que no estaba muy acostumbrado a que las cosas no salieran como yo preveía en ese terreno. Estaba sumido en un mar de dudas e inseguridades, acaso las propias de la edad cuando comienzas a notar ya en la nuca el aliento de las responsabilidades verdaderas que se acercan sin remedio. Lo único que se me ocurría para apartar ese molesto despiste que me embargaba era salir y salir como un poseso, como si cada noche fuera la última, como si detrás de cada copa ya no hubiera ninguna más. Lo malo es que cuando despertaba, la realidad volvía tozuda para recordarme que la vida no tiene paréntesis en esa época de tu trayectoria, que aunque no estés muy preparado todavía has de decidir rápido y procurar no equivocarte mucho.

El caso es que en esa tesitura llegue un sábado de madrugada a mi casa. No había dormido ni dos horas y mi madre me increpaba para levantarme y para que me fuera rápido al "examen de guías". ¿De qué?, le contesté algo resacoso. Sí, te lo expliqué el otro día, y te dije que... En fin, así que, más por no oírla a ella que por convicción propia ( "si has tenido -bip,bip- para salir de noche, ten ahora para afrontar tus obligaciones"-¡guau, me dije!-), me dirigí a la calle Aragón, 249, con una buena pastilla encima para el dolor de cabeza y así acabar con el maldito y molesto asunto del examen que me había buscado mi "pesada" madrecita. Aunque no entraré en detalles, sí diré que el examen -oral- que simulaba una situación real en un autocar frente a los clientes, me salió bordado probablemente porque la tranquilidad que concede la inconsciencia me inyectó una serenidad a prueba de bomba que llamó la atención del examinador, mi futuro jefe. El miércoles siguiente y sin avisos previos guiaba ya un autocar desde un seminario de Toledo ( "Legionarios de Cristo", si no recuerdo mal) hasta San Pedro de Roma, a la beatificación de no sé que notable miembro de la congregación -dicho sea con el mayor de los respetos, por supuesto, faltaría más-.

Así comenzó mi breve pero muy intensa carrera de guía turístico, siete u ocho años, que me llevó, junto con otros queridos compañeros, a errar por esos mundos de Dios durante unos años que, tal y como dijo mi amigo y jefe Vicente la otra noche en Can Soteras, fueron quizá los mejores de nuestra vida. Que ¿por qué? Creo que pocos hemos disfrutado del placer de respirar el mundo y la historia en vivo y en directo a esa temprana edad, un trabajo entonces bien pagado y que daba la oportunidad de conocer a cientos de gentes interesantes -o no- en lugares incomparables. Por poner un ejemplo, algunos tuvimos el raro privilegio de ser testigos de las revoluciones democráticas de los países del este europeo de finales de los ochenta, de asistir en primera fila a la lenta caída del imperio soviético, de ver venir el desastre que se respiraba en los Balcanes, por mencionar algunos de los hechos históricos más relevantes que ha vivido nuestra generación.

Pero a mediados de los noventa el sector turístico había cambiado rápida y profundamente. Una nueva generación de españoles, los de la beca Erasmus, ya viajaba tranquilamente por su cuenta sin necesidad ni de guías, ni de autocares, ni de mapas. Hablaban idiomas e iban bien preparados. Como mucho, se apuntaban al interrail. Se acercaba ya la época del "todo incluído", del "low cost", el nacimiento de internet como fenómeno global, la sociedad de la información, etc. Europa se había convertido en nuestro patio trasero de ocio y descanso y, por las razones que fueran, nuestra querida empresa le costó adaptarse a todo eso junto y terminó por desaparecer. Las semanas siguientes después del cierre, aunque yo hacía tiempo que no ejercía de guía, las viví con cierta turbación, me costó digerir que algo que tanto bien me había hecho desapareciera de repente. Era como si de sopetón me arrancaran de forma violenta un par o tres de las mejores páginas en mi álbum de recuerdos. Dejé de ver a mis compañeros, les perdí la pista a la mayoría, seguro que por mi culpa, no digo que no, y el "universo Golden" se me esfumó.

No hace mucho tiempo pasé con el coche por delante de las oficinas de la antigua terminal de Golden. Hubiera jurado que habían colocado un sex-shop en esas mismas instalaciones. "Óscar, no es tan malo. En el futuro estos locales serán tan necesarios y numerosos como las farmacias", me soltó un amigo cachondo como extraño consuelo. "No estoy muy seguro de eso", le contesté.

El pasado viernes por la noche, merced a una celebrada y nunca bien ponderada iniciativa de unas cuantas compañeras (Mil Gracias a Palmira, Nuria M,. Inma, Cristina...), nos reunimos de nuevo la gran mayoría de la empresa en Can Soteras. Para mí, como para todos, imagino, fue una noche muy especial y emocionante. A mi mente y de golpe volvieron bellos recuerdos adormecidos: unas risas en Versalles con Jordi, una shisha en el Khallili con Pablo, un café con María, Andrés y Xavi en Florencia, cerca de la Signoria, unas ostras en Charlot con Josep tras dejar a los clientes en el Moulin Rouge (Ces't Formidable!), un cigarro con César en la explanada de las Pirámides, un paseo con Fernando en un parque en Sofia, un breve remojón en faluca por el Nilo en Aswan, un atardecer en el templo de Philae, un vals en Viena,... El viernes por la noche entendí por fin que Golden en realidad no había desaparecido, que la empresa seguía bien viva entre nosotros y por nosotros. Esa noche dormí alegre y tranquilo. Hasta pronto compis.






Monday, November 19, 2007

Gracias, amigos/as.


No puedo por menos que dedicar unas líneas de agradecimiento a todos aquellos, que fueron legión, que acudieron el viernes pasado al Café-Bar Central -Cerdanyola del Vallés- a la apertura de la exposición que presenté con motivo de la inauguración del local de ocio y sala de arte.

Así es, la asistencia, para mi sorpresa, fue masiva y entusiasta, y recibieron -qué amables, la verdad- las pinturas de forma muy cálida. Asimismo, tengo que agradecer a los organizadores del acto, la Associació d'Artistes Plàstics de Cerdanyola toda la organización del evento, desde el mismo montaje de la exposición hasta su cobertura en varios medios informativos, que estuvieron allí presentes. Especial agradecimiento a Montse Cogul por su asistencia en todo momento. Podéis contar con un nuevo socio. También deseo agradecer la asistencia de los representantes políticos, en especial a Consol Pla i Dou, Tinent d'alcalde i Regidora de Cultura de l'Ajuntament de Cerdanyola. También mi gratitud sincera para todos los artistas plásticos de la ciudad, que me arroparon con su presencia y dignificaron todavía más el acto con su criterio experto -fue todo un placer conocerte, Pere-. Y en general, gracias a toda la pléyade de amigos que se reunieron para apoyarme en un momento -para mí- tan delicado y arriesgado como es exhibir tu trabajo artístico en público. Ellos conviertieron ese mal rato en una velada memorable. Gracias de verdad a Juan Ra, Kike, Montse, Roser, José Mª, Juan y Tere, Guti, a todos un enorme abrazo. Gracias, por último, a Manuel y Mª Jesús, los dueños del Café -Bar Central por su eficacia y su gentileza en todo momento. Un abrazo a todos.

Quiero añadir un poema que Montse Huguet compuso para esta ocasión, inspirándose en uno de los cuadros, "El bany":

" Luces de sol
acostándose
desnudas...
Piel de niño,
columpiándose
en las dudas,
y el mar lejano..., en silencio!"

Para Óscar, con cariño Montse Huguet (16 de noviembre de 2007).

Wednesday, April 18, 2007

OSCAR SERRANO, Exposición de Pintura.






Desde el 1 de abril pasado, en la oficina de La Caixa de la Avenida Catalunya de Cerdanyola del Vallés (Barcelona), Oscar Serrano expone parte de su última obra pictórica elaborada durante los dos últimos años, obra que pone a la venta y de la cual un quince por ciento se destinará a la donación para proyectos de UNICEF-España.

En su segunda exposición pública el pintor se muestra con un estilo cada vez más consolidado, continuando su maduración por la senda figurativa. Tampoco abandona el color intenso, una de sus señas de identidad, así como su apego por la luz, acaso también la propia de su paisaje. Color y luz, con un tratamiento ciertamente valiente, dotan de modernidad a temas muy tradicionales.

En esta exposición miscelánea, la temática central parece dirigirse hacia el ser humano y su entorno más inmediato, aquel que utiliza para ubicarse y reflexionar. Así es, los personajes de O. Serrano parecen contemplar con calma el paisaje que les rodea, utilizándolo como vehiculo para la observación interior. Ser humano y paisaje, como partes de una misma cosa, son los dos pilares temáticos sobre los que pivota este autor. El mar es otro de los temas recurrentes a los que O. Serrano acude para la manifestación de su pintura.

La exposición abre con "Homenaje a Renoir. La promenade", una muy lograda recreación de la obra del impresionista francés, que pretende ser todo una declaración de intenciones sobre el recorrido pictórico que piensa desarrollar en el futuro, así como de las fuentes de las que ha decidido nutrirse. En total, quince buenas obras que seguirán expuestas hasta final de este mes de abril, en la que será la última exposición del autor hasta el año próximo, en el que piensa presentar nueva obra.

Referencias a esta exposición las podréis encontrar también en el número de abril de la revista "Bon Art", en la "Agenda cultural" de TV3, la revista "Tot Cerdanyola", entre otras. Que difrutéis del arte.